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Mostrando las entradas etiquetadas como suspiros diarios

Principios de Asma

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          Una mirada pérdida en el reflejo de la ventana del bus. Una respiración agitada y una presión extraña en la espalda. El sudor helado, a pesar del sol de marzo, me hace dudar de lo que realmente me debe estar pasando. Para qué ir al médico, pienso mientras recorro las calles en   busca del tomo de Hegel. Sin suerte, para la próxima. Sudo más, tal vez por mi ansiedad y mi leve problema de sociabilizar. Busco entre los bolsillos de mi mochila y no hay respuestas. Se acabaron las pastillas. Alguien fuma a lo lejos, me atoro. ¿Acaso es...? No, no, sigo recorriendo estas calles de putas y cafichos . Un hermoso culo de una venezolana me hipnotiza por segundos. No justifica pagar doscientos soles por ello. Con ese dinero podría comprar 6 tomos más de esa enciclopedia que cada semana tiene menos tiraje. Una idea se cola entre los silbidos de mi garganta. Entre mis líneas ficticias, entre mi mirada turbia. El verano no es favorable para los que vivim...

No sé qué escribir.

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  I Surgía de lo invisible. De lo desprovisto. Una sensación cotidiana e incómoda. Una tarde vencida por la monotonía me daba la bienvenida. Los buses atiborrados en las esquinas y las algarabías de los ambulantes me intimidaban a cada paso que daba. Que sensación tan extraña, me decía cada vez que cruzaba la mirada con alguno de ellos. Jugaba algunos versos de algún poema extinto en mi memoria. Era tarde ya para escribirlos. Seguía a la marea confundida de oficinistas. Nunca me consideré uno de ellos. Qué envidia, pienso. Caminan con preocupaciones cotidianas guiadas por una inerte dulzura de smoke . Cruzo una de sus arterias. El manto tenue de la tarde nos cobija y la luna empieza a tener una triste forma. Un grupo de mujeres de prominentes figuras pasan fugazmente. Con pasos pícaros y miradas inquietas. Un juego a la viveza. Un cariño fugaz e inmemorable a la módica suma de ciento cincuenta soles la media hora. Avanzo inquebrantablemente a esos deseos carnales. Nunca tuve la v...

22 de marzo

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  Al frente mío, arde la nostalgia familiar sobre la leña. Y reposa tiernamente aquel potaje que solo mi madre puede preparar.  El humo se mezcla entre nosotros al son del hervor d el maíz. Miramos la olla con una devoción casi religiosa mientras se termina de consumir algún retazo de lo que antes fue un mueble viejo. Y recordamos todas las veces que ardió y las muchas veces que teníamos que venderlo para subsistir. Todos los domingos por las mañanas. De puerta en puerta. Otras veces lo hacíamos por el simple hecho de querer comer como se comía en nuestro pueblo. Con las patas, la lengua y la cabeza del carnero. Y otras veces lo hacíamos para celebrar alguna festividad familiar. Pero hoy hierve para conmemorar el primer mes del fallecimiento de un familiar. Tal vez por eso es que el humo nos lastima y nos hace toser. Mi madre me mira y me pide que me abrigue. Trata de apaciguar su tristeza sin que me dé cuenta. Lo extraña. Lo extrañamos. Tan rápido pasa el tiempo y tan lento e...

NOVIEMBRE SIN TI

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  La tenue luz solar de un triste día presentía lo que la noche no se esperaría. Mientras interactuábamos con las supuestas respuestas de un correo del trabajo, surgió una pregunta curiosa. ¿Lapadula sabrá el himno peruano? Una risa boba se escurrió por el pequeño sitio al que había convertido en oficina temporal. Espero que sí, fuera mi respuesta. Un futbolista que toda su vida ha vivido en Italia y que por primera vez pisaba suelo peruano para jugar por una selección de un país que apenas conoce… ¿Qué decirte? Espero que sí. El día transcurría con sus pesares habituales y en el congreso se escuchaba a un presidente enérgico defendiéndose de su segundo intento de vacancia. Esta vez tenía el hemiciclo casi vació y que de vez en cuando se colaba alguna vociferación de algún partidario que, de manera espectral, vigilaba las acciones. Realmente me importaba poco lo que se acontecía. Estaba saciado y hasta hostigado con tanta tontería de la pelea entre los poderes del estado del país...

Fragmentos de V.

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I –Es de noche– . Entre las paredes mal asfaltadas, gobernadas por carcajadas policromas, resaltaba una tímida, cálida y abandonada mirada. –Y otra vez pienso en ti– . Ella, en una esquina, rodeada de un grupo de complejas personalidades que la hacían sentir vacía, pedía a gritos ser rescatada. – En todo lo que pasamos y vivimos–. A él le bastaron segundos para saber de que era una de esas mujeres que crean armaduras de personalidades para ocultar en su interior delicados recuerdos ínfimos. – Lo bueno, lo malo– . Muchos se habían hecho el hábito de mirarlos caminando embobados por los estrechos pasajes de la avenida.  –lo nuestro–.  Iban  burlándose del agrio mundo que creían absurdo. –Recuerdo esos besos– . Primer amor. –En los lugares más tiernos, en la frente, en la mejilla– Compartían penas, rencores y sueños que se desvanecerían con el tiempo.  –Y en otros que para qué decir–. Pero fue una noches típicas donde miraban a la luna jugar con las estrell...

El silencio de Arthur Rimbaud

1 Después de varias horas frente a la pantalla decidí escribir esto... Recuerdo cuando inicié con este proyecto. La euforia narcisista de publicar todo lo que me abarcaba en este mundo de la literatura se fue desapareciendo a medida del tiempo y tristemente este blog (que antes se llamaba "Blog pedido") quedó solitario y empolvado. Mis pequeños, frágiles e inmaduros poemas quedaron cual habitantes de un pueblo fantasma. Había madrugadas donde ingresaba a leerlos y me transmitían esa nostalgia que ahora creo un poco perdida. Aprendí a ser más reservado  (celoso) en esto a lo que llamamos "creación literaria". Me di cuenta que se mantenía más viva la esencia de esos textos si los hubiera dado un mejor lugar en mi interior que en estas páginas virtuales. Pero de algo se ha de aprender.  En este año le dediqué casi todo mi tiempo libre a esto. Y fue bueno. Me recompensó con amistades, con enseñanzas, con historias, con alegrías, con tristezas y todo el co...