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22 de marzo

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  Al frente mío, arde la nostalgia familiar sobre la leña. Y reposa tiernamente aquel potaje que solo mi madre puede preparar.  El humo se mezcla entre nosotros al son del hervor d el maíz. Miramos la olla con una devoción casi religiosa mientras se termina de consumir algún retazo de lo que antes fue un mueble viejo. Y recordamos todas las veces que ardió y las muchas veces que teníamos que venderlo para subsistir. Todos los domingos por las mañanas. De puerta en puerta. Otras veces lo hacíamos por el simple hecho de querer comer como se comía en nuestro pueblo. Con las patas, la lengua y la cabeza del carnero. Y otras veces lo hacíamos para celebrar alguna festividad familiar. Pero hoy hierve para conmemorar el primer mes del fallecimiento de un familiar. Tal vez por eso es que el humo nos lastima y nos hace toser. Mi madre me mira y me pide que me abrigue. Trata de apaciguar su tristeza sin que me dé cuenta. Lo extraña. Lo extrañamos. Tan rápido pasa el tiempo y tan lento e...

DE DONDE VIENEN LOS CHOLOS

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A lo largo de las nueve crónicas que se plasman en libro, Marco Avilés, a través de su título y su portada, nos plantea el origen de nuestra “choledad”. Y que a pesar de que no lo describe directamente, nos muestra una reflexión central en el último párrafo de su primera crónica: “Este libro es sobre los otros. Sobre los que nunca se fueron. Sobre los cholos e indios que, a pesar de los cataclismos que ha vivido el país, se quedaron a vivir en sus pueblos. En las montañas. En las selvas. ¿Qué los retuvo entonces? ¿Qué los retuvo ahora?”. A partir de este punto, Marco explora diversos lugares de nuestra amplia demografía y extrae de ellas historias cargadas de costumbres, fervor, nostalgia y el mito que fuera de ese lugar hay un mundo muy distinto que juega otro rol. En Chumbivilcas retrata el takanakuy y el fervor que le tienen sus pobladores. Muchos vienen desde la capital especialmente a pelear olvidando, en muchos casos, la festividad de las fiestas navideñas. En Churubamba se enfoc...

Carta a mi amigo Pablo.

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  Lima, 28 de febrero de 2021       Querido amigo. Han pasado exactamente una semana desde tu inesperada partida. Parece mentira, hace unas semanas estabas sentado en el sillón viendo el pez de Jimena navegar incansablemente por su pequeña pecera. Parece mentira en el hecho de solo saber de qué ya no estarás más para conversar a rabiar de los asuntos del día. Política, deportes, la vida misma. Que habrá más allá, pensábamos una noche. Tú, hombre temeroso a Dios, nos decías que hay un cielo y un infierno esperándonos. Yo decía que no hay nada. Que aquí está el infierno y que el cielo puede ser solo una conspiración de los que nos dominan para apalear las penas en esta vida. Ahora quiero creer que si hay uno. Y que ahí estas tú. Amigo, ahora cuando llego a la casa y paso por el lugar donde siempre te sentabas, se ausentan todas tus acciones. Tus alabanzas de madrugadas, tus chistes en el desayuno, los halagos a la comida de mamá, tus “ejercicios para manten...

SIGO ESPERÁNDOME

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  Al llegar, y precisamente en el momento de abrir esa puerta, me vi salir intrigado y resignado. Y decidí seguirme, ver a dónde me dirigía a esta hora, con este clima. Atravesamos las rejas oxidadas por la época de lluvias. El sonido rechinante era una marca auditiva que nunca olvidaríamos. Cruzamos la acera para detenernos, girar y mirar entristecidos, nuestra pequeña casa. Gastada y maltratada por el tiempo y la indiferencia. Siempre ideábamos pintarla un fin de semana, pero lo ajetreado de nuestra vida nos lo impedía. Los domingos se convirtieron en meses, los meses en años y los años en un eterno olvido. Avanzamos hacia el único riachuelo de este pueblo, recordando cuando de niño me sumergía desnudo en sus corrientes heladas, en las infinitas tardes. Estuvimos ahí un buen rato, mirando el manso, cause fluir, escuchando el armonioso ruido que se producían al chocar las piedras. Nunca logramos descifrar su queja. Nunca lo dejamos huir. Me miraste y te miré. No me sorprendí...

NOVIEMBRE SIN TI

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  La tenue luz solar de un triste día presentía lo que la noche no se esperaría. Mientras interactuábamos con las supuestas respuestas de un correo del trabajo, surgió una pregunta curiosa. ¿Lapadula sabrá el himno peruano? Una risa boba se escurrió por el pequeño sitio al que había convertido en oficina temporal. Espero que sí, fuera mi respuesta. Un futbolista que toda su vida ha vivido en Italia y que por primera vez pisaba suelo peruano para jugar por una selección de un país que apenas conoce… ¿Qué decirte? Espero que sí. El día transcurría con sus pesares habituales y en el congreso se escuchaba a un presidente enérgico defendiéndose de su segundo intento de vacancia. Esta vez tenía el hemiciclo casi vació y que de vez en cuando se colaba alguna vociferación de algún partidario que, de manera espectral, vigilaba las acciones. Realmente me importaba poco lo que se acontecía. Estaba saciado y hasta hostigado con tanta tontería de la pelea entre los poderes del estado del país...

CARTA A MI NUTRICIONISTA

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  Ha pasado exactamente un mes desde que inicié con este plan de vivir saludable y admito con mucha sinceridad que noto notables cambios en mí, tanto físico como interno. Por eso le escribo esta carta, querida amiga, para agradecerle por lo todo que me ha ayudado. Llegué a usted buscando cambiar estos hábitos que me mantenían al margen de una correcta vida. Usted sabe, en esta actualidad la estética suele ser un factor para muchas cosas. Como lo laboral, sentimental o por una mejor vida. Si una mejor vida. Por eso llegué a usted. Te comenté que no quería seguir así. Me sentía cansado y sin ganas. Y que mi ansiedad, por periodos, jugaba con mi cordura diurna. Esto de leer y escribir hasta altas horas de la noche no te ayudará en nada –me dijiste. Recuerdo bien que te comenté que era lo que más amaba. Y que solo en las noches podía hacerlo. Usted sabe, querida amiga, que la vida es cara y muy ajetreada. La sociedad te escurre todo el día y luego te manda a la cama. Antes de que llega...

¡Ay! FIL

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  Terminó la Feria del Libro de Lima (FIL). Y en ella se ciernen los suficientes argumentos de que se ha estado haciendo mal durante las últimas ediciones. Y no; no creo que sea una manera muy drástica con la que inicio este artículo. Este año, para muchos, nuestros objetivos y propósitos mutaron enormemente con la gran pandemia global. Nuestra amiga, FIL, tenía ya todo preparado para su edición número quince. Una edición impulsada por las grandes cifras de su anterior predecesor. Dijo con bombos y platillos que este año conoceríamos el mundo literario de Portugal. Luís de Camões, José Saramago, Fernando Pessoa, etc. Aún me retumban las palabras de Liliana Minaya, la presidenta de la Cámara de Comercio de Lima. Un júbilo total convertido, ahora, en un nostálgico recuerdo, mientras miro la presentación del nuevo formato. Digital. Sé que muchos saltaron de alegría al ver que la FIL, que a pesar de la burocrática incertidumbre que jugaba nuestro obtuso gobierno con los estados de em...