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LA POETA QUE LEYÓ A PANERO

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No recuerdo exactamente la primera conversación que tuve con ella, pero si la última. Una reunión del poeta Leopoldo María Panero con Carlos Ann y Bunbury en el psiquiátrico de las Palmas. Soy su hija, me respondió a mi reacción infantilmente efusiva de su pequeño video. Le comenté que esa es una de las más épicas entrevistas que he visto de Panero; especialmente cuando le coge de los huevos a Carlos. Este tipo es de los pocos poetas que respeto; me responde. De los que decían la verdad. Ahora casi todos quieren ser reseñados y demás y quedar bien con todos. No sé cuándo los escritores empezaron a ser tan tibios. ¿Tú crees que no te hubiera querido? Por lo menos tú eres hombre… Yo tengo que lidiar con una sonoridad hipócrita donde se cumple lo de Orwell: "todas somos iguales, pero algunas somos más iguales que otras". Si, creo que si… respondí tímidamente. Ese poeta que murió en un manicomio.   ¿Te has dado cuenta? Me interrumpió. Hay un extracto de una entrevista –le corté l...

Principios de Asma

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          Una mirada pérdida en el reflejo de la ventana del bus. Una respiración agitada y una presión extraña en la espalda. El sudor helado, a pesar del sol de marzo, me hace dudar de lo que realmente me debe estar pasando. Para qué ir al médico, pienso mientras recorro las calles en   busca del tomo de Hegel. Sin suerte, para la próxima. Sudo más, tal vez por mi ansiedad y mi leve problema de sociabilizar. Busco entre los bolsillos de mi mochila y no hay respuestas. Se acabaron las pastillas. Alguien fuma a lo lejos, me atoro. ¿Acaso es...? No, no, sigo recorriendo estas calles de putas y cafichos . Un hermoso culo de una venezolana me hipnotiza por segundos. No justifica pagar doscientos soles por ello. Con ese dinero podría comprar 6 tomos más de esa enciclopedia que cada semana tiene menos tiraje. Una idea se cola entre los silbidos de mi garganta. Entre mis líneas ficticias, entre mi mirada turbia. El verano no es favorable para los que vivim...

RETRATO DE UNA VARILLA DE MADERA QUE NOS SOSTENÍA.

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  En memoria de mi amigo Pablo. Nunca supimos cuando realmente empezó aquella manía tuya de jugar con el palo de la escoba. Cuando menos lo pensábamos ya estabas inclinándote con ella. Apegado a la pared de la sala, dibujando líneas imaginarias. Atrás había quedado el porte serio que te obligaba tu trabajo. Eras tú. Con expresión seria mientras fingíamos no verte, recostado, a veces sin camiseta, escuchando aquel programa olvidado en esa frecuencia olvidada. Otras veces guiado por las acrobacias de las series que veías, y veías reiteradas veces en madrugadas como esta. Tratabas de imitar aquellas destrezas de esos actores asiáticos. Esos movimientos acrobáticos inexplicables que tú creías constantemente. Muchas veces releyendo expedientes de tus casos. Amigo. Lo que si sé es la última vez que te pusiste a jugar con ella. Temblando por la enfermedad, te sostenías con dificultad. Seguías considerando en la bondad de la madera. –canaliza todo lo malo–. Aun lado, la radio con la mi...

Retrato de una nube negra.

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  I Un puñado de nubes negras escapaba del viento. Venían del este. Y a pesar de lo escandaloso, nadie se percató   de ellas. Pues el humano era tan soberbio que nunca miraba arriba si no era para maldecir o pedir clemencia. II Una trató de burlarse de sus compañeras y se salió de la fila. Y se ocultó entre una humareda de un incendio de algún lugar que nunca se conoció. III Las demás hacían lo imposible para llegar hasta lo más alto del cielo. Pero el tramo les resultaba cada vez más doloroso. Muchas se difuminaban en pequeñas esporas grises, otras enloquecían y divagaban como muchas desorientadas nubes. Muy pocas seguían. IV –Ustedes no pertenecen aquí. –les dijo un par de cúmulos blancos que los vieron pasar. –regrésense. Algunos hicieron caso y descendían entristecidas. Otros, pocos, las ignoraron y siguieron subiendo ante los insultos desenfrenados. V Cansadas, se toparon con unas inmensas y alargadas nubes que transmitían paz (o eso creía). Imponentes...

ANCAL

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  Domingo, 20 de noviembre. Hay un campeonato al que intempestivamente me decidí invitar. Un encuentro deportivo de mujeres y varones que se realizará en el anexo de Ancal del distrito de Ingenio. Un campeonato deportivo que trata de integrar a todos los anexos del distrito. Ancal, Huahuanca, Rimaycancha, Chiacata, Muchac, Suiza Rangra y Casacancha. Anexos que se encuentran geográficamente apartados de lo que se podría llamar el centro de la ciudad, y por ende de todo el flujo económico que se genera con el turismo. –Lo que se quiere es que se integren las comunidades y que se incentive el comercio; y que más que con el deporte. – me comenta Juvenal, presidente de la comunidad, mientras compra una botella de ron que (dice) nos servirá para el clima que hay allá.   Un camión de la municipalidad frena al frente nuestro. Trepo a su tolva. Dentro de ellos un grupo de pueblerinos conversan alegremente. Algunas mujeres abrazadas a sus menores hijos, preguntan compulsivamente la hora...

CRÓNICA A LA ENVIDIABLE JUVENTUD ENTRE LA ENDEBLE MALEZA

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  Es una brisa tan fresca y a la vez tan húmeda que se mete por la ventana abierta. Una brisa inocente que baja de la selva aún no tan destruida. El centro poblado despierta lentamente; como por inercia. Ya se escuchan los primeros pasos y las primeras motos dando roncadas por las angostas vías. Es miércoles. Es feriado. Pero no parece importarle de lo que se conmemore en estas fechas a los lugareños que solo quieren aprovechar que el sol salió muy temprano. Afuera, alguien grita. Una inocente voz rompe con mi armonía matutina. Es Smith, hijo único de padre cafetero y madre médica, que llama a la ventana del cuarto de su primo Yomer. Ambos de la misma edad y me atrevo a decir que de las mismas mañas. Yomer sabe que tiene que ayudar en algunas jornadas a su padre y por eso responde de la misma manera y sin moverse de su cama. – ¡Que! – Al parecer uno ya quiere iniciar con las pequeñas vacaciones que tienen por medio año. Ambos estudian de la misma manera que muchos niños de este p...

No sé qué escribir.

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  I Surgía de lo invisible. De lo desprovisto. Una sensación cotidiana e incómoda. Una tarde vencida por la monotonía me daba la bienvenida. Los buses atiborrados en las esquinas y las algarabías de los ambulantes me intimidaban a cada paso que daba. Que sensación tan extraña, me decía cada vez que cruzaba la mirada con alguno de ellos. Jugaba algunos versos de algún poema extinto en mi memoria. Era tarde ya para escribirlos. Seguía a la marea confundida de oficinistas. Nunca me consideré uno de ellos. Qué envidia, pienso. Caminan con preocupaciones cotidianas guiadas por una inerte dulzura de smoke . Cruzo una de sus arterias. El manto tenue de la tarde nos cobija y la luna empieza a tener una triste forma. Un grupo de mujeres de prominentes figuras pasan fugazmente. Con pasos pícaros y miradas inquietas. Un juego a la viveza. Un cariño fugaz e inmemorable a la módica suma de ciento cincuenta soles la media hora. Avanzo inquebrantablemente a esos deseos carnales. Nunca tuve la v...